El secreto contra la radicalización se esconde en una ciudad belga

21.11.2016

El Parlamento Europeo cita el modelo de Malinas (Mechelen, en flamenco) como ejemplo a seguir en la prevención de la radicalización de los jóvenes europeos. Unos 5.000 ciudadanos del Viejo Continente se han unido a las filas del autodenominado Estado Islámico en Siria y Bélgica es nido de estos terroristas. No sólo procedía de ahí la célula de los atentados de París del 13 de noviembre pasado y los de Bruselas, sino que es el país con la más alta proporción de combatientes extranjeros de la Unión Europea en el grupo terrorista, con un total de 562 según datos de febrero de 2016, según el Real Instituto Elcano.

Pero Malinas se libra de la tendencia -de momento, advierte su alcalde en esta entrevista realizada durante su reciente visita a Madrid para compartir su experiencia-. Bart Somers lleva 15 años al frente del municipio de 84.000 habitantes, con una compleja sociedad en la que conviven nada menos que 124 nacionalidades distintas y donde el 50% de los jóvenes nacidos en la ciudad son de origen extranjero (las comunidades mayoritarias son la marroquí, holandesa, armenia, española y polaca, por este orden).

Somers mismo advierte al principio de la conversación que no todo es color de rosas: también ha ejercido mano dura, pues al asumir el bastón de mando su ciudad era la que tenía una mayor alta tasa de criminalidad del país.

¿Qué le hizo decidirse a instaurar una política específica contra la radicalización en su ciudad?

Cuando comencé como alcalde Malinas tenía una pésima reputación en cuanto a criminalidad, antes de los problemas de radicalización, una ciudad muy multicultural... Así que sabía que mi primera obligación como alcalde era intentar cambiar el ambiente en mi ciudad, que era muy negativo. La extrema derecha era el partido mayoritario... [Somers es liberal demócrata]. Era consciente de los problemas de una sociedad multicultural y de la criminalidad y trabajé en ello.

Pero hace tres años me di cuenta -junto a los alcaldes de Amberes y Vilvoorde, que tiene la más alta tasa de Europa de gente que fue a Siria- de que estaba surgiendo un nuevo problema en nuestras calles: el problema de jóvenes que abrazaban un pensamiento muy totalitario [SIC] y a los que reclutaban para luchar en Siria. De mi ciudad nadie se ha ido en dos años. Y eso es muy especial, porque de Amberes se fueron 93, de Bruselas 200 y de Vilvoorde -a sólo 5 kilómetros de mí- se fueron entre 30 y 40 personas de una población de 43.000.

Fuente: https://cdn.ampproject.org/c/www.elespanol.com/mundo/20160419/118488520_0.amp.ht