EL ENCLAVE TURCO

Ramón M. Chipirrás



Turquía empezaba el año bajo la mirada de lo que parecía un nuevo Bataclan; 39 muertos y 69 heridos. Primer atentado en 2017 en una Estambul que, a pesar de lo que cree Erdogan, se va acercando a Europa a con paso firme.

La situación política, social e internacional del país se hace insostenible sea cual sea el color del gobierno. Esto, unido a una serie de circunstancias, hace que el desconcierto sea total en el país. Sufren la frontera con Siria e Irak, con lo que esto conlleva por el caos total que viven ambos países, y país hace tope en cuanto al número de refugiados que esperan a modo de tapón para entrar en la Unión Europea.

Durante el 2016, sólo en Turquía, han fallecido alrededor de trescientas personas en actos terroristas. Por citar alguno de ellos, en enero, un suicida de Daesh provoca la muerte de 12 turistas alemanes cerca de la Mezquita Azul de Estambul. En febrero, en un atentado suicida atribuido al PKK contra un convoy militar deja la friolera cifra de 28 muertes y más de 60 heridos en Ankara. El 13 de marzo, un nuevo atentado suicida con coche bomba, deja la cifra de 37 personas muertas y más de un centenar de heridos. Esta vez, autoría de TAK, "Halcones de la Libertad de Kurdistán". El 27 de junio, atentado contra el aeropuerto Atatürk en Estambul, dejando 47 muerto e infinidad de heridos. El 20 de agosto, un niño hace estallar una carga adosada a su cuerpo en el transcurso de una boda; 51 víctimas mortales y casi 70 heridos, acto posteriormente reivindicado por Daesh.

Y así, sin parar de "celebrar" ningún mes sin acto terrorista en Turquía.

Todo esto tiene su explicación en el puzzle que vive Turquía en cuanto a fronteras. Por un lado, frontera con Siria e Irak ya comentadas anteriormente, y, por otro lado, Irán, Armenia, Georgia, Bulgaria - territorio europeo - y con el Mar Mediterráneo y Mar Negro.

Y en cuanto a la política exterior, debido a los vaivenes del gobierno de Erdogan, también se ha visto golpeada por ello. Cabe recordar la presión al presidente sirio, Bachar Al Asad, alauita, llegando a apoyar a los rebeldes musulmanes suníes contra este.

Turquía parece ubicada en una política de luchar en varios frentes a la vez a pesar de contraponerse estos. En estos momentos se encuadra en la misión de cerrar la crisis con Moscú, reclamar lealtad a Estados Unidos, al menos así ha sido con la Administración Obama, desviar las críticas recibidas desde los países miembros de la Unión o lanzar operaciones militares en territorio sirio.

Cada vez que hay un atentado en Turquía, son tres los grupos en los que se sospecha de inmediato por parte de las autoridades.

Por un lado, Daesh. Turquía, a día de hoy, forma parte de la coalición que lidera Estados Unidos para combatir al Daesh en Siria, a pesar de los comienzos de Erdogan en los que dejo de lado su lucha contra Daesh.

Por otro lado, PKK. Partido de los Trabajadores de Kurdistán, considerado como grupo terrorista por la Unión Europea y por Estados Unidos. Buscan la independencia del Estado de Kurdistán, zona compartida por Turquía, Irán, Irak y Siria.

Y en último lugar, TAK "Halcones de la Libertad de Kurdistán". Grupo que aparece de una escisión del PKK cuando estos últimos estaban dialogando con el gobierno turco.

Los ataques cada vez están más dirigidos a las zonas históricas y focos turísticos, lo que conlleva aumento de víctimas extranjeras; alemanes, israelíes, iraníes o estadounidenses por ejemplo durante el 2016.

En definitiva, Turquía lucha contra un número elevado de atentados terroristas perpetrados por Daesh, PKK y TAK, además de la violencia de Daesh en las fronteras en cuanto a delincuencia organizada se refiere, y contra la inestabilidad política del país. No podemos dejar de recordar el fallido golpe de estado del pasado mes de julio en el que cerca de 300 personas perdieron la vida y más de seis mil personas fueron detenidas por el gobierno Erdogan.